domingo, 2 de agosto de 2026

CUANDO TODO VAYA MAL

 

Empezaré por presentarme. Me llamo Ona, aunque eso poco tiene que ver con lo que me sucedió o mejor dicho, con lo que creo que me sucedió aquella noche de sábado en la que decidí cambiar mi forma de ver la vida.

 

Mi existencia había sido normal, incluso algo aburrida diría yo, hasta que una noche de sábado mi mirada se cruzó con la de Beca. Nunca me habían llamado la atención las chicas, pero había algo en esos ojos, en esa sonrisa, que me hizo estremecer desde el primer momento. Para sorpresa de mi entorno, no hubo dudas, quería pasar mi vida junto a ese torbellino que iluminaba mis mañanas con un simple "Buenos días". Pasaban los días, los meses, los años y a cada minuto me hacía sentir más feliz... Hasta que se fue.

 

"Ha sido rápido", "Por lo menos no ha sufrido" , "Ya descansa en paz y tú también puedes descansar"... Para mí no fue rápido. Cada minuto en aquel puto hospital me pareció un siglo. ¡Y sufrió! Lo vi en sus ojos cada vez que me miraba intentando decir algo que me robara una sonrisa, tal vez la última que vería. Y no sé si ella descansó, pero yo no. Noches sin dormir en una enorme cama aún más grande ahora que no estaba junto a mí.

 

Pasaron los meses más lentos que han podido existir hasta que una llamada me sacó del letargo. Un año atrás, Beca se gastó medio sueldo para darnos una sorpresa y sacó entradas para un Festival de música a todo el grupo de amigos. Realmente solo le gustaba la banda que echaba el cierre, pero cualquier excusa le parecía buena para reunirnos a todos.

 

-              -Tienes que venir Ona. Sabes que ella querría que lo hicieras

 

Era cierto, Beca no me habría perdonado si me hubiera quedado en casa, así que el día del concierto me desperté temprano, ducha fría, ropa cómoda y al bajar a la calle ya me estaban esperando. El día fue largo y la noche llegó sin apenas darnos cuenta. Tampoco me di cuenta de la cantidad de cerveza y chupitos que entraron en mi cuerpo, pero de repente me encontré sola delante del escenario en el que estaba a punto de arrancar el último concierto. Comenzaba a caer una fina lluvia que incluso se agradecía. Miré a mí alrededor buscando a mis amigas sin éxito, y justo cuando comenzaban a sonar los primeros acordes de "Lapsus" me fijé en él. No sé qué edad podría tener, apenas recuerdo sus rasgos (ni siquiera tengo claro que fuese real) recuerdo un rostro serio con barba, una sudadera gris con capucha que le cubría la cabeza y la mirada fija en el escenario. Sus labios se movían al ritmo de la canción.

 



 



     -¿Estás solo? -me sorprendí preguntándole- Yo he perdido a mis amigas… ¡pero me da igual.

 

      -A estas alturas, todos hemos perdido algo, pero a veces resulta agradable estar solos entre tanta gente.

 

Parecía triste y esa respuesta no sé hacia dónde iba. Intuí que estaba solo y que me lo dijo porque quería seguir estándolo. La verdad es que no tenía la cabeza para pensar demasiado, pero la lluvia arreciaba, la música me envolvía y, poco a poco, me llevaba a un punto hasta el que hacía tiempo que no llegaba.


Hasta que sonó la guitarra.


Reconocí la canción de inmediato a pesar de llevar meses sin escucharla. De hecho, hasta que comenzó a sonar, dormía en un rincón de mi memoria con la voz de Beca tarareándola mientras preparaba la cena con dos copas de vino blanco sobre la mesa de la cocina. Miré al chico de la capucha, que cantaba con la cabeza alta y los ojos enrojecidos (¿está llorando?) me pregunté mientras mis propias lágrimas se mezclaban con la lluvia. Estábamos prácticamente pegados y en un momento de la canción, me abrazó. Noté el calor de su cuerpo, pero no era un abrazo que buscase algo más. Era intenso, limpio, reconfortante y cargado de energía.


-         -No te vengas abajo cuando todo vaya mal, sabes que ella te cuida desde arriba. Haz lo que quieras, de verdad, que siempre está contigo.


       Mi corazón empezó a acelerarse como solo Beca había conseguido acelerarlo.


-              -Ona!!!!!


       Me giré al escuchar mi nombre. Mis amigas se aproximaban a mí desde la parte exterior del tumulto y justo después de girarme a mirarlas, noté que el abrazo había terminado. Me pareció ver al chico de la capucha gris caminando bajo la lluvia y perdiéndose en la multitud.


-            - ¿Dónde te habías metido? Y lo más importante... ¿Quién era ese tío? Por qué era un tío, ¿no?

 

-           -No sé... No sé dónde me había metido, llevo aquí todo el concierto. Y sí, era un chico, o eso creo...

 

Lo estuvimos buscando sin éxito hasta que terminó el concierto. No había rastro de esa sombra que no sé si pretendiéndolo o por pura casualidad, presionó el botón de mi mente que me hizo salir del pozo y volver mirar hacia arriba, cuando todo iba mal.






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