jueves, 1 de octubre de 2020

Avería inoportuna

 

 


 

     El reloj de mi muñeca marcaba la misma hora que el del salpicadero: me quedaban siete minutos de margen. El autobús de las doce cuarenta salía de la parada dejándola libre para que yo pudiera ocuparla durante unos segundos en el momento de recogerlos. Giré a la derecha. Me gustaba aquella amplia avenida, custodiada por grandes castaños y llena de tiendas caras a ambos lados de la calzada. Siempre que podía paseaba por allí con Sonia, pero no dejábamos de sorprendernos de los precios que marcaban las prendas de los escaparates.

 

−Yo no me pondría ese vestido ni aunque me lo regalaran− solía decir ella.

 

     No la creía. El vestido le encantaba y seguro que estaba preciosa luciéndolo con unos zapatos de tacón rojos que vimos poco después. “Será mi próximo regalo” me convencí a mí mismo. Cambié la emisora que sonaba en la radio. 

 

    La cadena de deportes que escuchaba hasta ese momento no era la más adecuada para la situación. Encontré una de música de mi época, “remembers” de temas de hace veinte años, cuando la música máquina sonaba en las discotecas y no nos importaba hacer quinientos kilómetros en una noche para ir al local de moda. Sin darme cuenta, fui acelerando hasta llegar a la parada del autobús con un minuto de antelación.

 

 

     Bajé la ventanilla, encendí un cigarrillo y puse punto muerto sin detener el motor, pero el motor se paró. Traté de arrancar. La batería mandaba su señal, pero el resto del vehículo parecía no estar por la labor. Treinta segundos. Comencé a sudar, a temblar, pero no había manera de que el coche arrancara y el tiempo se acababa. El miedo me atenazó y decidí a salir, cerrar la puerta tras de mí y mezclarme con la gente justo en el momento en el que comenzó a sonar la alarma de un banco cercano. Sabía que para mis compañeros era una putada, pero sin automóvil tendrían que improvisar plan de huida y yo poco podía hacer para ayudarles…

 

jueves, 17 de septiembre de 2020

EL PRECIO DE LA FAMA

 Relato inspirado por los personajes propuestos por  Storynator según la propuesta del Tintero de Oro:

Una pianista sin éxito que no se separa de su pulsera de la suerte y una experta en vinos que guarda culto a Satanás en secreto, buscarán la casa donde vivió una leyenda del rock muerta hace años, pero un peluquero se cruzará en sus caminos, donde la vida más allá de la muerte y la mala educación estarán presentes en una historia sobrecogedora.

 

 

 

 

 


 

 

     Supe que sería mi último concierto desde que la vi sentada en una de las mejores butacas.

 

     Nunca tuve demasiado éxito. Era un pianista de segunda que trabaja tocando en la cafetería de uno de los mejores hoteles de la ciudad. Se acercó a mí una noche, como tantas otras mujeres solitarias solían hacer, con una copa de vino en la mano y la provocación pintada en la mirada. Era lo único bueno que tenía aquella mierda de trabajo, muchas de las chicas que pasaban por allí se sentían atraídas por el hombre del piano y a mí me encantaba complacerlas. Me susurró que me esperaba en su habitación, la número sesenta y seis que estaba ubicada en la sexta planta.

 

     Poco antes del amanecer, tumbados desnudos sobre la cama, me preguntó por mis sueños y no lo dudé:

−Triunfar como pianista. Salir de este maldito hotel y tocar en los mejores teatros del mundo.

−¿Qué estarías dispuesto a dar?− Ni me miraba a la cara. Su cabeza reposaba sobre mi pecho atenta al ritmo de mis latidos mientras su melena roja me cubría parte del torso.

−Lo daría todo. Lo poco que tengo, mi vida, mi alma.

−Vale, tomo nota− respondió entre carcajadas.

 

Y la olvidé justo en el momento en que mi vida cambio. Un cazatalentos, un contrato y una gira que apareció de la nada; o eso creí… Su mirada desde la primera fila me recordaba que la fama tiene un precio.

 

martes, 1 de septiembre de 2020

Y MI PEQUEÑO VIO LA LUZ




                                                  


     Año convulso para venir al mundo pero las cosas hay que hacerlas cuando te apetecen y, sí, me apetecía que fuera ahora. Cuando comencé a escribir, publicar en papel no era uno de mis objetivos, pero reconozco que con cada antología de relatos en la que participaba, más me picaba el gusanillo de crear algo propio y así fue como, de la noche a la mañana, mi pequeño vio la luz.

     No hay nada nuevo; me he limitado a releer los más de 150 relatos que a lo largo de estos 4 años he ido acumulando "Bajo mi embarcadero" y elegir un puñado de ellos. Sorpresas, romanticismo, sexo, temor... todo cabe en una hoja en blanco si eres capaz de imaginarlo. Tal vez no sean los mejores que he escrito (lo de valorar un relato es muy subjetivo) pero sí los que más me gustan o, en algunos casos, los que más carga emocional tienen para mí.

      
      Os tengo que reconocer que me ha hecho mucha ilusión tenerlo en mis manos y que no puedo evitar sonreir cada vez que alguien me pide uno. Espero que el que lo tenga disfrute leyéndolo tanto como yo lo he hecho al escribirlo.


     Y si habéis llegado hasta aquí, solo me queda daros las gracias. Da igual si es la primera vez que me visitais o si formais parte de ese grupo que aparece por aquí con mayor frecuencia y lleva años animándome a seguir. GRACIAS, así, con mayúsculas.


     Pronto aparecerán nuevos relatos pero hasta entonces, si os apetece, podeis clickar aquí abajo y viajar bajo mi embarcadero.

miércoles, 15 de julio de 2020

GRACIAS (4 AÑOS BAJO MI EMBARCADERO)




     Hoy he comenzado la mañana desayunando sobre “otro embarcadero”. Es un día especial para mí, entre otras cosas, porque mi niño cumple cuatro añitos. Nunca pensé que alargaría tanto mi aventura literaria pero, a medida que avanza, me doy cuenta de que acaba de empezar, de que eso que en un principio parecía un entretenimiento más, vino para quedarse y formar parte de mi vida.

 

No vino solo. “Bajo mi embarcadero” trajo con él muchas ilusiones y decepciones, sonrisas y lágrimas, pero sobre todo, os trajo a vosotros. Yo he sumado 190 entradas contando la de hoy. Vosotros más de 47000 visitas (para mí, una barbaridad) y más de 2200 comentarios que me siguen ilusionando como el primer día. Gracias a este rinconcito he tenido la suerte de conocer y trabajar con personas geniales, algunas de las cuales puedo considerar amig@s. Así que lo único que puedo hacer es estaros agradecido.

 

Sé que últimamente tengo mi rincón un poco dejado (que no olvidado) y posiblemente siga así hasta septiembre. Habrá alguna publicación, no os vais a librar tan fácilmente, pero necesito recargar pilas y priorizar mi tiempo, que a partir de cierta edad se pasa sin que nos demos cuenta.

 

Puedo ponerme muy ñoño, así que me voy a despedir de momento, prometiendo volver con cambios y fuerzas renovadas, pero no quiero hacerlo sin volver a daros las gracias y recordaros que cuando necesitéis desconectar, siempre seréis bienvenidos “Bajo mi embarcadero”.



lunes, 6 de julio de 2020

Amor a primera vista


     Recuerdo como si fuera ayer la primera vez que me fijé en ella. Por aquel entonces yo era poco más que un niño y lo que más me llamó la atención fue que contagiaba felicidad a los que estaban a su alrededor. Creo que fue en aquel preciso instante, una calurosa mañana de Julio, cuando decidí que aquel verano no pasaría sin que mis labios la rozasen…

 

 

     Y así fue.

 

 

     A nuestro primer encuentro furtivo le siguieron un segundo y un tercero. Todos diferentes, pero siempre logrando hacerme sentir bien. A medida que fui creciendo me resultó cada vez más difícil no pensar en el instante en que podría volver a disfrutar de su cuerpo, a veces tomándolo a poquitos, otras volcando en ella todas mis ansias. Siempre estaba ahí, siempre dispuesta; acompañándome en los buenos momentos y ayudándome, a su manera, cuando las cosas no me iban bien. Fundiéndose conmigo en los momentos oportunos e incluso haciéndome ver las cosas desde otro punto de vista.

 

 

 

     Con el paso de los años he aprendido a disfrutar con ella de otro modo. El ansia, la pasión de la juventud, ha dado paso a una serenidad calmada que no por eso impide que los momentos a su lado, aunque sean menos habituales, sean mejores. Porque con el paso del tiempo, intentamos alargar los minutos en vez de devorarlos y siempre es un placer alargar el tiempo con mi rubia. Porque hay algunos instantes, con una cerveza entre las manos, que no querríamos que terminase jamás.