jueves, 19 de abril de 2018

LA APUESTA





     Era una calurosa noche del Agosto de 1994. Ese año, había viajado solo al pueblo. Mis padres llegarían dos semanas después, así que tenía unos días para disfrutar con total libertad. Estábamos en la terraza de “La ruta” hablando de historias de fantasmas y apariciones, cuando envalentonado, tal vez por la cerveza, tal vez por la presencia de algunas de las chicas más bonitas que conocía, solté que a mí no me daría miedo ir al cementerio solo, aunque fuese de noche.




-No hay huevos




     La voz de Marcos sonó retadora y, entre el ofrecimiento de pagarme dos copas si subía y la mirada expectante de Inma, ni pude, ni quise decir que no.






     El cementerio estaba a unos veinte minutos del bar, en una ladera de las afueras del pueblo. Junto a él, la vieja iglesia que medio derruida controlaba mi camino bajo el brillo de una perfecta Luna llena. Miles de estrellas salpicaban un cielo despejado, de esos que es imposible ver en la ciudad. La oxidada puerta se abría con el sencillo movimiento de un cerrojo y al hacerlo, mostró su descontento con un chirrido que por primera vez me provocó un escalofrío. Cogí una piedra antes de entrar, no por miedo a lo que pudiera hallar allí dentro, sino porque no me fiaba de que los chicos vinieran a gastarme alguna broma pesada.





     Me recibió un ambiente sorprendentemente denso y una imagen muy alejada de la que estaba acostumbrado a ver. El  lugar no habría desentonado en cualquier película de terror. Un recinto pequeño, repleto de tumbas antiguas de mármol que reflejaban una luz cada vez más escasa. De la nada habían aparecido enormes nubes negras que comenzaban a cubrir el cielo sobre mi cabeza. En la pared más alejada habían comenzado las obras encargadas de construir los primeros nichos. La gente del pueblo no estaba muy de acuerdo, pero el campo santo era limitado y la media de edad de los habitantes aumentaba año tras año.




     Decidí coger un ramillete de flores secas de una de las tumbas más cercanas a la puerta como prueba de que había estado allí y marcharme lo antes posible. No tenía miedo, pero la sensación de inquietud aumentaba a medida que el cielo se tapaba y la extraña certeza de que alguien me observaba me convenció de no alargar más un reto que ya estaba cumplido. Al apoderarme de las flores, algo llamó mi atención. Con las obras se había descubierto una antigua fosa común y a escasos metros de donde me encontraba, restos de huesos humanos se amontonaban a la espera de volver a tomar sepultura.




     Aún hoy no sé por qué lo hice.




     Caminé lentamente con la mirada fija en una mandíbula con no más de dos o tres dientes y la sujeté entre mis manos hasta que un relámpago me devolvió a la realidad mostrando miles de sombras rodeándome. El trueno que le siguió me hizo temblar un momento antes de salir corriendo hacia la puerta. Me pareció escuchar ruidos detrás de mí pero ni me planteé parar a mirar. Corrí todo lo rápido que pude y no me detuve hasta llegar al pueblo. Recuperé el aliento al volver a entrar en el bar y allí fue donde me di cuenta de que las piernas me seguían temblando. En mi mano derecha llevaba un ramo de flores secas y en la izquierda, una mandíbula humana.




     En el bar se sorprendieron al verme y sobre todo al ver las pruebas que llevaba conmigo. Seguía sintiendo escalofríos y al darme cuenta de que Inma había marchado antes de mi regreso pensé que me había comportado como un crío inconsciente para nada. Desde luego, no sería así como la impresionaría, pero un par de copas me  ayudaron a templar los nervios y volver a relajarme.




     Seguía nublado cuando, camino a casa, tiré las flores y la mandíbula en la cuneta del carril que llevaba al cortijo de mis padres.




     Desperté a media noche con la misma sensación de que alguien me observaba. Encendí la luz sobre saltado. Nada. Estaba solo en la enorme habitación. Me pareció escuchar ruido fuera justo en el momento en que mil agujas atravesaran mis encías. Un horrible dolor de muelas sacudió la parte de mí que no había sido paralizada por el miedo. Intenté dormir otra vez, pero entre escalofríos de pánico y espasmos de dolor me resultó imposible. Solo fui capaz de encogerme bajo la protección de la fina sábana sudando y esperando lo peor, inmovilizado por el miedo a lo desconocido. Justo antes de que la luz del día se comenzara a filtrar por los agujeros de la persiana, unos golpes secos en la puerta de la calle y un trueno ensordecedor helaron la sangre en mis venas. Después el silencio lo envolvió todo.




     Salí a la puerta armado con un chuchillo y con ese maldito dolor taladrándome el cerebro. Caminé por el carril bajo una fina lluvia hasta llegar al lugar en el que me esperaban las pruebas de mi excursión nocturna. No me detuve hasta subir la cuesta del cementerio. La vieja iglesia me miraba acusadora mientras atravesaba la misma puerta que había quedado abierta tras mi precipitada huida.




     Deposité las flores sobre la tumba y los restos del que en otra época fuera paisano de mi bisabuelo, donde los había encontrado. 




     Durante mi regreso volví a sentirme observado, pero esta vez no sentí miedo. Además el Sol se abría paso entre las nubes insinuando el comienzo de un bonito día.




     Mi dolor de muelas, desapareció.

13 comentarios:

  1. Hay cosas con las que es mejor no jugar, por si acaso, y eso de llevarse souvenirs de un cementerio, no parece prudente. Suerte que tu protagonista salió bien parado del lance.

    ¡Buen relato, David! Con la dosis justa de suspense y misterio.

    Un saludo y feliz finde :))

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    1. Lo de bien parado no se yo... Pasó una noche un poquito movida.

      Gracias Julia.

      Un abrazo

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  2. interesante tu texto me ha atraido gracias

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    1. Gracias!!! Bienvenido a mi embarcadero!
      Un abrazo

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  4. Todos los ingredientes para cometer una tontería,... por suerte nuestro protagonista tuvo un ramalazo de cordura. Buen finde!

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    1. Si es que hay edades en las que no sabemos decir que no...

      Igualmente! Un abrazo

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  5. Ay la de "retos" y tonterías que se hacen para impresionar, pero a los muertos mejor dejarlos descansar en paz. Creo que a tu protagonista eso le ha quedado claro.
    Muy intrigante
    Besos

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    1. Creo que sí, pero cuando sacan la maldita frasecita a pasear todo lo anterior se olvida!!!
      Gracias por la visita

      Petonets!

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  6. A vida tudo era inqueta.e as árvores são enbaladas pelo vento.o tempo correm rápido.e os anos se arastam passo apasso.Lita santos.

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  7. Onde tudo poderia ser diferente.nem sempre a solidão. é o destino previsto.a paciência é o olhar dando significados a Luz.ao despertar de um dia. O jardim da minha casa.a roseira não da espinho.onde existe ser inucente. Lita santos.

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  8. David, he de reconocer que me ha gustado tu relato, porque pese a desarrollarse en un cementerio y ser la consecuencia de un absurdo reto,me ha dejado buen sabor de boca. Tal vez, a parte de nuestro organismo existan otras envolturas que nuestros ojos no pueden ver. Ahí lo dejo. Me gustó que se te pasara el dolor de muelas cuando devolviste lo que no era tuyo. Saludos

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