El
tiempo llegaba a su fin cuando David controló un balón muerto lejos de la
portería rival. Arrancó con una resolución inusitada. Daba la sensación que
flotaba sobre el césped cuando, tras dos regates y un nuevo cambio de ritmo
portentoso, entró en el área. En un desesperado intento por detenerle uno de
los defensores golpeó su pierna haciéndole caer al suelo. Nadie protestó el
penalti.
Cogió
el esférico con determinación, buscando la válvula de inflado para colocar el
cuero en el suelo tal y como a él le gustaba. Algunos compañeros, agradecidos
de no ser los elegidos para lanzarlo, le daban palmadas de ánimo. Un jugador
contrario se cruzó en su camino y le dijo algo para intentar ponerlo nervioso,
pero a pesar de su juventud llevaba muchos años compitiendo al máximo nivel y
tenía claro lo que ese lanzamiento significaba. Al día siguiente, su foto
coparía las portadas de los diarios de todo el mundo indiferentemente de si
salía victorioso o fracasaba. En los próximos segundos se convertiría en héroe
o villano y mientras se encaminaba al punto fatídico, notó miles de millones de
ojos clavados en él.

Tomó
aire, lo soltó de golpe e inició la carrera. El guardameta parecía cada vez más
grande pero no cambió su disparo habitual. Golpeó suave, a la derecha de un
portero que ya se vencía hacia el otro lado. Todo había terminado bien, España
ganaba su segundo mundial. Se quitó la camiseta ebrio de emoción y corrió hacia
un córner en el que sus compañeros se unieron a él.
-¡David! ¡Ponte ahora mismo esa
camiseta y sube a casa o bajo a por ti!
-¡Mamá, que acabo de ganar la Copa
del Mundo!
-Ni copa ni copo. Sube y te lavas
que nos tenemos que ir a casa de tu abuela.
Ah los sueños, que sería de nosotros sin ellos... Me ha parecido esplendido el relato, David, le has dado un suspense como si de un partido real se tratara, para girar al final y transformarlo en un encantador sueño infantil.
ResponderEliminarUn abrazo.
Gracias Ziortza!! El enano que llevo dentro se niega a irse. Aunque pensándolo bien, tal vez sea culpa mía, que no le dejo. :)
ResponderEliminarMe ha gustado mucho, pienso en que espero que mi propio hijo cuando crezca pueda ser feliz así, con sueños que te inundan de emociones. Un abrazo!
ResponderEliminarEn los niños son más evidentes, pero nunca debemos renunciar a nuestros sueños...
EliminarUn abrazo