Todo
comenzó cuando apenas contaban siete años y su padre les prometió una sorpresa
para la tarde del sábado. Caminaban nerviosos, cada uno cogido a una de sus
manos y sin parar de hablar hasta que al llegar al descampado de detrás de la
iglesia, se quedaron con la boca abierta. Una asombrosa construcción de cuerdas
y lonas de colores había crecido allí de la noche a la mañana. El espectáculo
más grande del mundo había llegado al pueblo.
La
música sonaba por todas partes. Alrededor del circo corrían payasos con zapatos ridículamente grandes mientras un chico, poco mayor que los dos hermanos, lanzaba bolos al
aire una y otra vez, volviendo a recogerlos antes de que tocasen el suelo para
hacerlos volar de nuevo. El olor que provenía de una jaula con dos feroces
leones se mezclaba con el de palomitas dulces y manzanas de caramelo, pintando
de asombro e ilusión la cara de los pequeños. Cuando estaban a punto de entrar,
una gitana que decía leer el futuro miro a los niños y cambiando su cara
misteriosa por una enorme sonrisa les dijo:
-
Bienvenidos a vuestra casa.
Desde entonces no dejaron de imaginarse en el
centro de la pista. Jugaban a que viajaban de ciudad en ciudad llevando su
espectáculo dónde quiera que hubiese espacio para plantar su gran carpa. Bobby,
el perro de su abuela, se convertía por momentos en una fiera salvaje traída de la
profundidad de la selva africana para obedecer las órdenes de los osados
domadores. Otras veces, era un caballo capaz de hacer las más brillantes cabriolas
para regocijo del que ellos imaginaban un público entregado.
Las
tardes que Bobby no estaba, los columpios del parque se convertían en
peligrosos trapecios en los surcaban el aire a metros del suelo para terminar aterrizando
después de un espectacular salto mortal del que más de una vez salieron con las
rodillas ensangrentadas.

Todo
eso cambió cuando uno de sus números llevó a Dani al hospital. “El increíble
niño volador” se colocó de pie sobre el pequeño balancín metálico y, cuando sus
compañeros saltaron al alimón sobre el otro extremo, se elevó un par de metros
en el aire desafiando a la gravedad para aterrizar de cabeza contra el duro
suelo.
Años
después, entre actuación y actuación del “Gran circo hermanos Romanoff”, se
siguen riendo de lo ocurrido cuando Dani recuerda sus inicios señalando a los
presentes la cicatriz que, aún hoy, adorna su frente.
La pitonisa ya intuía algo,... jajaja Equilibristas, acróbatas, trapecistas, payasos, domador de fieras,... todo un mundo a punto de desaparecer. Muy bonito tu pequeño homenaje al circo, todos nosotros tenemos hermosos recuerdos de nuestra infancia!
ResponderEliminarSi es que las brujas existen!!!! Es una pena, pero las tecnologías arrasan...
EliminarUn abrazo
Una maravilla tu texto
ResponderEliminargracias
NO!! Gracias a ti por pasarte y leerlo
EliminarLa niñez que etapa más bonita, la imaginación volaba alto y cualquier cosa se engrandecía y nos maravillaba a partes iguales.
ResponderEliminarMuy bonito texto y homenaje, David.
Un beso.
Gracias Irene!!! Espero que hayas disfrutado las vacaciones y vengas con la pluma cargada...
EliminarUn abrazo
Todos, o casi todos, de pequeños, hemos soñado con vivir la experiencia circense y nos hemos imaginado en el centro de la pista asombrando al gran público. En tu entrañable relato, esa ilusión se acabó haciendo realidad. No siempre se logra hacer de mayor lo que uno soñaba de niño, así que tu historia tiene un final feliz.
ResponderEliminarMe ha encantado.
Un abrazo, David.
Gracias Josep! Los sueños de los niños actuales van por otros derroteros. Espero que los sigan con la misma ilusión que nosotros.
EliminarUn abrazo
Yo vivi durante años en un pueblo, y para nosotros la llegada del circo era todo un acontecimiento. Gracias por traer tan hermoso recuerdo.
ResponderEliminarGracias Estela!!! Para los de mi generación el circo es equivalente a ilusión. Tal vez no ha evolucionado lo suficiente para llamar la atención de los pequeños que suben... pero que nos quiten lo vivido!!!
EliminarUn abrazo y gracias por tu visita.
Me recordó a mi infancia y a la magia del circo, qué lindo. Saludos desde El Blog de Boris Estebitan.
ResponderEliminarEsa era la intención Boris!! Un abrazo. Me paso a visitar tu blog en breve.
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