miércoles, 6 de marzo de 2019

Mañana de primavera.


El sol comenzaba a dejarse notar, y aunque todavía era temprano, presagiaba otra calurosa mañana primaveral. David caminaba por una tranquila zona residencial de Castelldefels con destino a la casa de una pareja rusa cuyo jardín hacía tiempo que se encargaba de cuidar. Nunca le habían atraído en exceso las plantas, pero durante una mala época laboral, la jardinería le proporcionó los ingresos necesarios para salir del paso hasta que todo mejoró. Ahora habían vuelto tiempos de bonanza, de hecho acababa de terminar su turno de noche en una gasolinera cercana y antes de tumbarse a descansar, se encaminó hacia el único jardín de su etapa anterior del que todavía se encargaba. Con el tiempo se había convertido en un hobby relajante… ¡y a nadie le vienen mal unos ingresos extras!



Al entrar en la casa recordó que no había nadie. Hacía tres semanas los propietarios le dijeron que pasarían un mes en Moscú para conocer a su nueva nieta, así que podría trabajar con calma. Años atrás, si no estaban tenía que pedir la llave a la vecina, pero con el paso del tiempo, había adquirido suficiente confianza con los dueños como para que le dejasen una llave. El césped parecía estar bien, así que decidió no cortarlo. No le gustaba nada el ruido del motor, así que intentaba evitarlo. Ya pasaría el cortacésped una semana antes de que volvieran los dueños.




Cogió las tijeras y se dirigió hacia los rosales. Aspiró profundamente el aroma de una de sus flores favoritas, en esa época del año estaba en pleno esplendor. Le encantaba ese jardín modesto y coqueto a los pies de un pequeño porche y rodeando una piscina ovalada con sus rosales y macizos de margaritas. Caminaba hacia uno de ellos cuando se disparó el riego automático del césped. Sobresaltado, tropezó con el bordillo que rodeaba el contorno de la piscina y notó como su cuerpo caía sin remisión…



Podía haber caído contra el duro azulejo que separaba la piscina del jardín golpeándose la cabeza, o peor aún, podía haberse precipitado sobre una piscina que a estas alturas del año debería estar vacía. Por suerte para él, los moscovitas, acostumbrados a las bajas temperaturas de su país, disfrutaban de los baños durante todo el año. Su grito se vio ahogado por un chapuzón en agua helada.



 Salió resoplando y riéndose, contento de que no hubiera testigos de su torpeza. Se quitó la ropa (menos mal que el sol calentaba) y la extendió junto a la piscina sentándose en una de las tumbonas. Se dejó caer notando los rayos sobre su cuerpo. La noche había sido larga, poco a poco, todo se fue convirtiendo en tranquilidad…



Un grito le hizo despertar sobresaltado. Al levantarse desorientado dos policías le apuntaban con sus pistolas. La mujer de la casa de al lado, al escuchar gritos y risas y sabiendo fuera a sus vecinos, había avisado y abierto la puerta a la patrulla de policía que encontró al sospechoso durmiendo junto a la piscina completamente desnudo

8 comentarios:

  1. Me imagino que podría explicarse sin más consecuencias. Pobre hombre si encima termina preso, mojado, desnudo y humillado.
    Un beso.

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    1. Seguro que sí!! Además, la vecina lo conocía de cuando le daba las llaves, aunque eso no evita que la situación fuera un poquito violenta.

      Un beso

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  2. Je,je,je... Desde luego, hay días que es mejor no levantarse para ir a trabajar. Divertido relato, David. Un abrazo!

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  3. Jajaja David aún ha tenido suerte que los rusos no vaciaran la piscina. Me has hecho reír con esos riegos que se disparan de repente.
    Besos

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    1. Si te ha hecho reir, ha valido la pena el remojón!!!!
      Petonets!

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  4. Me gusta. Es de esos cuentos 'bola de nieve' dond una cosa lleva a la otra y así hasta un final tan agradable. Nos seguimos leyendo.

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    1. Gracias por tu visita y tu comentario!! Me alegro de que te haya gustado.

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