Daniela caminaba por la calle con una sonrisa pintada en la cara, pero de un tiempo a esta parte, eso no era nada nuevo. Hace tiempo que se siente feliz, y aunque su vida tuvo épocas más complicadas, el pequeño unicornio rosa que se acaba de cruzar le recuerda que están en uno de sus momentos favoritos del año. Brujas y princesas conviven en el parque con indios, minions y algún que otro pirata. El carnaval ha llegado para regocijo de pequeños, y no tan pequeños, que aprovechan este intervalo de tiempo para ser lo que durante el resto de meses no se atreven a ser.
Los tiempos han cambiado y las tendencias también. En la era digital es más fácil conseguirlo todo, cualquier cosa que te imagines la tienes ahí, tan solo a un puñado de euros y un click de distancia. Los disfraces son una de esas cosas. Se recuerda cuando apenas levantaba un metro del suelo confeccionando su disfraz en clase de trabajos manuales (no sabe como le llaman ahora, no entiende la manía de cambiar de nombre a las cosas en pro del progreso cuando la educación de los niños va cada vez a peor, pero eso es otra guerra) con bolsas de basura y recortes de cartulina y papel celofán, que no duraban más de una mañana. Después el que su madre "le obligaba" a ponerse para jugar con sus amigos hasta que los gritos desde las ventanas les informaban que la cena estaba lista y había que volver a casa.
Los años fueron pasando a un ritmo vertiginoso, aunque aquel grupo de amigos no fuera consciente entonces, y antes de darse cuenta, elegían sus propios disfraces. Recuerda el día en que se disfrazaron de animadoras y en el que sus pechos desproporcionados provocaron risas y algunas miradas furtivas entre los chicos del grupo. O aquella noche en el que perdió las alas de su disfraz de Campanilla en el asiento de atrás del coche de Raul. Era mono, ¿qué habría sido de él?
Poco después de cumplir los veinticinco, su amiga Silvia, que ese año se encargaba de sus trajes pasó por su casa justo antes de la fiesta y dejó sobre la cama un precioso vestido rojo, ajustado y sensual.
-Dani, está noche vamos de chicas sexys.
Nadie le conocía como Silvia.
Al enfundarse en él y mirarse al espejo, tuvo claro que su vida tenía que cambiar, quería ser la chica sexy todos los días, sin disfraz. Ese fue el momento en que Daniela decidió abrirse paso pisando fuerte con zapatos de tacón alto y convertir a Daniel en un recuerdo del pasado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario