
De
repente noto una presencia y sin detenerme giro la cabeza con la esperanza de
estar equivocada. No lo estoy. Dos sombras aparecen del interior del bosque y
se lanzan a tumba abierta intentando darme alcance. Me pongo tensa y por unos
momentos los nervios me atenazan. Dura apenas unos segundos. Fijo la vista en
las luces del pueblo, cada vez más cercanas. No voy a bajar los brazos, no
estando tan cerca. Acelero el ritmo sin pensar en lo que dejo atrás, sin hacer
caso de mis pies doloridos ni a unas piernas que se contraen al límite de sus
fuerzas. Aprieto el paso mientras entro en las primeras calles del pueblo y
voces de ánimo retumban en mi cabeza intentando darme un último aliento. Unos
focos enormes aparecen al fondo de la calle y noto como mis piernas flaquean
aunque siguen aumentando la velocidad. Miro hacia atrás y parece que nadie me
sigue. Vuelvo a mirar. Nadie. Me relajo y ahora sí, me dejo llevar. Cruzo la
meta exhausta, pero sonriente.
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