jueves, 17 de septiembre de 2020

EL PRECIO DE LA FAMA

 Relato inspirado por los personajes propuestos por  Storynator según la propuesta del Tintero de Oro:

Una pianista sin éxito que no se separa de su pulsera de la suerte y una experta en vinos que guarda culto a Satanás en secreto, buscarán la casa donde vivió una leyenda del rock muerta hace años, pero un peluquero se cruzará en sus caminos, donde la vida más allá de la muerte y la mala educación estarán presentes en una historia sobrecogedora.

 

 

 

 

 


 

 

     Supe que sería mi último concierto desde que la vi sentada en una de las mejores butacas.

 

     Nunca tuve demasiado éxito. Era un pianista de segunda que trabaja tocando en la cafetería de uno de los mejores hoteles de la ciudad. Se acercó a mí una noche, como tantas otras mujeres solitarias solían hacer, con una copa de vino en la mano y la provocación pintada en la mirada. Era lo único bueno que tenía aquella mierda de trabajo, muchas de las chicas que pasaban por allí se sentían atraídas por el hombre del piano y a mí me encantaba complacerlas. Me susurró que me esperaba en su habitación, la número sesenta y seis que estaba ubicada en la sexta planta.

 

     Poco antes del amanecer, tumbados desnudos sobre la cama, me preguntó por mis sueños y no lo dudé:

−Triunfar como pianista. Salir de este maldito hotel y tocar en los mejores teatros del mundo.

−¿Qué estarías dispuesto a dar?− Ni me miraba a la cara. Su cabeza reposaba sobre mi pecho atenta al ritmo de mis latidos mientras su melena roja me cubría parte del torso.

−Lo daría todo. Lo poco que tengo, mi vida, mi alma.

−Vale, tomo nota− respondió entre carcajadas.

 

Y la olvidé justo en el momento en que mi vida cambio. Un cazatalentos, un contrato y una gira que apareció de la nada; o eso creí… Su mirada desde la primera fila me recordaba que la fama tiene un precio.

 

martes, 1 de septiembre de 2020

Y MI PEQUEÑO VIO LA LUZ




                                                  


     Año convulso para venir al mundo pero las cosas hay que hacerlas cuando te apetecen y, sí, me apetecía que fuera ahora. Cuando comencé a escribir, publicar en papel no era uno de mis objetivos, pero reconozco que con cada antología de relatos en la que participaba, más me picaba el gusanillo de crear algo propio y así fue como, de la noche a la mañana, mi pequeño vio la luz.

     No hay nada nuevo; me he limitado a releer los más de 150 relatos que a lo largo de estos 4 años he ido acumulando "Bajo mi embarcadero" y elegir un puñado de ellos. Sorpresas, romanticismo, sexo, temor... todo cabe en una hoja en blanco si eres capaz de imaginarlo. Tal vez no sean los mejores que he escrito (lo de valorar un relato es muy subjetivo) pero sí los que más me gustan o, en algunos casos, los que más carga emocional tienen para mí.

      
      Os tengo que reconocer que me ha hecho mucha ilusión tenerlo en mis manos y que no puedo evitar sonreir cada vez que alguien me pide uno. Espero que el que lo tenga disfrute leyéndolo tanto como yo lo he hecho al escribirlo.


     Y si habéis llegado hasta aquí, solo me queda daros las gracias. Da igual si es la primera vez que me visitais o si formais parte de ese grupo que aparece por aquí con mayor frecuencia y lleva años animándome a seguir. GRACIAS, así, con mayúsculas.


     Pronto aparecerán nuevos relatos pero hasta entonces, si os apetece, podeis clickar aquí abajo y viajar bajo mi embarcadero.

miércoles, 15 de julio de 2020

GRACIAS (4 AÑOS BAJO MI EMBARCADERO)




     Hoy he comenzado la mañana desayunando sobre “otro embarcadero”. Es un día especial para mí, entre otras cosas, porque mi niño cumple cuatro añitos. Nunca pensé que alargaría tanto mi aventura literaria pero, a medida que avanza, me doy cuenta de que acaba de empezar, de que eso que en un principio parecía un entretenimiento más, vino para quedarse y formar parte de mi vida.

 

No vino solo. “Bajo mi embarcadero” trajo con él muchas ilusiones y decepciones, sonrisas y lágrimas, pero sobre todo, os trajo a vosotros. Yo he sumado 190 entradas contando la de hoy. Vosotros más de 47000 visitas (para mí, una barbaridad) y más de 2200 comentarios que me siguen ilusionando como el primer día. Gracias a este rinconcito he tenido la suerte de conocer y trabajar con personas geniales, algunas de las cuales puedo considerar amig@s. Así que lo único que puedo hacer es estaros agradecido.

 

Sé que últimamente tengo mi rincón un poco dejado (que no olvidado) y posiblemente siga así hasta septiembre. Habrá alguna publicación, no os vais a librar tan fácilmente, pero necesito recargar pilas y priorizar mi tiempo, que a partir de cierta edad se pasa sin que nos demos cuenta.

 

Puedo ponerme muy ñoño, así que me voy a despedir de momento, prometiendo volver con cambios y fuerzas renovadas, pero no quiero hacerlo sin volver a daros las gracias y recordaros que cuando necesitéis desconectar, siempre seréis bienvenidos “Bajo mi embarcadero”.



lunes, 6 de julio de 2020

Amor a primera vista


     Recuerdo como si fuera ayer la primera vez que me fijé en ella. Por aquel entonces yo era poco más que un niño y lo que más me llamó la atención fue que contagiaba felicidad a los que estaban a su alrededor. Creo que fue en aquel preciso instante, una calurosa mañana de Julio, cuando decidí que aquel verano no pasaría sin que mis labios la rozasen…

 

 

     Y así fue.

 

 

     A nuestro primer encuentro furtivo le siguieron un segundo y un tercero. Todos diferentes, pero siempre logrando hacerme sentir bien. A medida que fui creciendo me resultó cada vez más difícil no pensar en el instante en que podría volver a disfrutar de su cuerpo, a veces tomándolo a poquitos, otras volcando en ella todas mis ansias. Siempre estaba ahí, siempre dispuesta; acompañándome en los buenos momentos y ayudándome, a su manera, cuando las cosas no me iban bien. Fundiéndose conmigo en los momentos oportunos e incluso haciéndome ver las cosas desde otro punto de vista.

 

 

 

     Con el paso de los años he aprendido a disfrutar con ella de otro modo. El ansia, la pasión de la juventud, ha dado paso a una serenidad calmada que no por eso impide que los momentos a su lado, aunque sean menos habituales, sean mejores. Porque con el paso del tiempo, intentamos alargar los minutos en vez de devorarlos y siempre es un placer alargar el tiempo con mi rubia. Porque hay algunos instantes, con una cerveza entre las manos, que no querríamos que terminase jamás.

 







miércoles, 27 de mayo de 2020

¿Quién soy?



 
     Desperté con un dolor de cabeza más que considerable. Estaba tumbado en una playa de arena blanca, bajo un cocotero y con varios de sus frutos a rodeándome. En la arena aparecían troncos aquí y allá, como si el mar hubiera devuelto una parte de él que no le correspondía. “¿Qué coño hago aquí?” Me pregunté desorientado intentando situarme. Pero eso pasó a un segundo plano cuando una cuestión más importante ocupó todos mis pensamientos “¿Quién cojones soy?”. La ansiedad aceleró mi respiración y las bocanadas de aire parecían no llegar a su destino. Me obligué a tranquilizarme. Sentado en la arena, con las piernas cruzadas y los ojos cerrados, me concentré en el ruido que las olas producían al llegar a la orilla. Parecía que daba resultado, así que prolongué la meditación hasta los latidos volvieron a un ritmo que consideré normal, al fin y al cabo, tampoco sabía cómo era el ritmo normal de mi corazón.

 

     Mi ropa estaba empapada. Tal vez era un náufrago que la tormenta del día anterior había sumergido en el mar y éste, piadoso, me había mecido hasta esta playa, paradisíaca, todo hay que decirlo. El dolor de mi cabeza comenzaba a remitir. Una hinchazón en la parte superior me insinuaba que durante el naufragio algo golpeó con fuerza mi cráneo. Tal vez eso provocase mi caída al mar y la pérdida de memoria.

 

     Tenía que buscar una zona elevada para ver si había zonas habitadas cerca, pero comenzaba a anochecer y no sabía lo que podía deparar la noche, así que aproveché las hojas que pude arrancar a un cocotero doblado por el temporal para construir un techo bajo el que dormir. Encontré el lugar ideal en el saliente de una roca cercana al bosque. Un par de ramas de un árbol cercano apenas lo cubrían, pero al colocar encima las largas hojas del cocotero, me quedó un refugio más o menos decente. La arena de la playa allí estaba seca y el viento parecía no castigar en exceso la zona. Encontré una piedra afilada y con la ayuda de otra más grande, conseguí perforar la cáscara de uno de los cocos. El agua de su interior me recompuso como si de una sopa caliente en mitad de una ventisca de nieve se tratara. Terminé de partir el coco y lo devoré poco antes de que la noche terminara de cerrarse.

 

     Encendí un pequeño fuego de forma mecánica. Dos palos, fricción y algunas hierbas secas. Al empezar a arder, unas cuantas ramitas pequeñas y después algún tronco más grande. No durarían toda la noche, pero me ayudarían a conciliar el sueño y espantarían las posibles fieras que podían estar acechándome desde el bosque. El cansancio me venció todavía sorprendido por mi dominio de las técnicas de supervivencia.

 

     Abrí los ojos sobresaltado. El sol comenzaba a aparecer cuando los gritos de cuatro hombres que corrían hacia mí rompieron un feliz descanso. Una lancha se acercaba por el mar a gran velocidad con más personas a bordo que parecían haber hallado un valioso botín al descubrir mi presencia.




 

 

     −Tras varios días de búsqueda, ha sido hallado Roberto Muñoz, el torero y participante de Supervivencia Extrema que había desaparecido. Roberto salió del campamento en busca de comida y no volvió a dormir. Los miembros del equipo le han estado buscando este tiempo hasta localizarlo cobijado en un playa a casi veinte kilómetros de donde se está rodando el reality. Poco puede contar de su desaparición, ya que sufre amnesia tras haber sufrido un fuerte golpe en la cabeza, al parecer causado por la caída de un coco en un golpe de viento. Sigue siendo una incógnita como recorrió esa distancia, ya que la zona en la que se mueven los concursantes está firmemente delimitada.