jueves, 31 de marzo de 2022

PACTOS

 

 

 

 

      

                Los que visitáis este rincón de vez en cuando sabéis que no suelo escribir sobre libros, pero de vez en cuando aparece alguno, de esos que no llega al gran público, del que creo que merece la pena hablar.

 

                “Pactos” es mucho más que una novela negra al uso. En él se mezclan el misterio y hechos históricos para hacernos ver que no hay tanta diferencia entre los problemas de la sociedad actual y la de hace más de media década dejándonos claro, que los demonios que nos abducen en el pasado son capaces de acompañarnos durante el resto de nuestra vida, arruinándola sin que nos demos cuenta. Todo esto lo consigue casi de pasada, centrando la atención en una trama policial absorbente que, de forma paradójica, comienza con un final, el final de la vida de la madre del inspector Pruna.

 

                En su segunda novela, Albert Villanueva repite la fórmula que tan bien le funcionó en “Por hacer a tu muerte compañía”. Incluso en sus obras de ficción, este profesor sigue dándonos lecciones de historia, nos muestra como esos hechos influyeron en que su pueblo se convirtiera en ciudad y lo envuelve todo con una historia trepidante (de la que no os pienso contar nada) que te obliga a seguir leyendo hasta el final.

 

                Si buscas algo distinto para leer, algo que te enganche y te mantenga con el culo pegado al sillón y con la mente y los ojos abiertos, te aseguro que estas 230 páginas son una buena elección.

 

domingo, 13 de marzo de 2022

¡HAPPY HALLOWEEN!

 

 

 

 

 

     Siempre sentí animadversión hacia las costumbres importadas de Estados Unidos, por eso nunca lo disfruté como Ferrán. El vecino del sexto, llevaba toda la semana avisándome de que tenía preparada una sorpresa que nos dejaría a todos con la boca abierta. A pesar de estar avisado, al abrirse el ascensor pasé del susto a la sonrisa.

 

     Ferrán yacía en el suelo del ascensor, disfrazado de vampiro, con una estaca de madera rodeada de una gran mancha roja clavada en el pecho.

 

-¡Joder que susto!-no contestó- Como te vea la Sra. Milagros le va a dar un parraque… ¡Disfruta el día y pásalo de muerte!

 

     Marché a trabajar admirando lo metido que estaba en su papel.

 

     De regreso a casa, el tumulto que había ante la portería me hizo acelerar el paso. Dos ambulancias y varios coches de policía cerraban el paso al portal. En el suelo, la Sra. Milagros parecía reaccionar al masaje cardíaco al que los chicos del Samur la estaban sometiendo. Del interior surgió una camilla en la que alguien, completamente tapado, no había tenido tanta suerte como la anciana.

 

     La peluquera de la esquina estaba informando a varios curiosos. Al parecer, Ferrán llevaba todo el día muerto en el ascensor y aunque algunos vecinos le habían visto, pensaban que era una de sus bromas. Los sanitarios que acudieron a socorrer a la Sra. Milagros, a la que le dio un síncope al verlo, fueron los que se dieron cuenta de que aquella había sido su última broma.

martes, 15 de febrero de 2022

Nuestro bosque...

 

     El sol apenas se ha despertado cuando cojo el pequeño desvío que se adentra en la montaña. Ha sido una noche fría, no sé cómo estará el sendero, pero no es una ruta ni larga ni complicada así que dudo que suponga un problema. Aparcó en la cuneta, en el lugar en el que se ensancha ligeramente junto al cartel que informa sobre la fauna de la zona. Siempre te parabas a leerlos, aunque pasases mil veces por delante del cartel, siempre te parabas…

 

     Me adentro sin prisa en ese mar de árboles de colores. El otoño mezcla el verde de las especies perennes con los marrones rojizos de las que dejan escapar las hojas que crujen bajo mis pies con cada nuevo paso. Hojas muertas y húmedas que cubren el camino sin llegar a ocultarlo y rompen el silencio acrecentando la sensación de soledad que buscaba al salir de casa tan temprano. No me cruzaré con ningún humano, es lo último que me apetece esta mañana.

 


 

 

     Un pequeño cartel con el dibujo de un duende me advierte de lo que puedo encontrar si sigo adelante. Era una de tus fotos innegociables. La niña pequeña que habitaba en tu interior aparecía justo en ese momento, hacías la foto y corrías sobre los troncos que a modo de puente descansan un palmo por encima del cauce del riachuelo riendo a carcajada limpia. Unos metros río arriba, un cervatillo que intenta saciar su sed matutina levanta la cabeza y me observa. No se asusta, tan solo se sorprende de ese animal que camina erguido y parece completamente fuera de lugar caminando entre los árboles. Se gira y se pierde en la frondosidad trotando, sin que los arbustos que parecen inundarlo todo supongan un problema.

 

     El camino comienza a despejarse y picar hacia arriba. Esta zona rocosa, que siempre me resulta la más incómoda del trayecto, me hace poner toda la atención a cada paso que doy. El musgo que crece en la zona norte de las piedras unido a la humedad de la noche, provoca que no pueda disfrutar del paisaje que me rodea; de los caballos que sé que pastan unos pocos metros a mi derecha a los pies de una montaña con la cima nevada; de la pared cortada que me vigila desde la izquierda y que siempre quisimos escalar sin llegar hacerlo nunca; de la entrada ascendente a un nuevo bosque que tengo justo delante y representa la última etapa de mi camino.

 

     Al adentrarme comienzo a escuchar el sonido del agua, es un salto grande y en esta época del año el deshielo se encarga de hacerlo todavía más espectacular. Subo hasta el mirador desde el que casi se puede tocar el agua y recuerdo la primera vez que estuvimos allí. Comenzó a llover cuando estábamos llegando pero no quisiste dar la vuelta, incluso corriste el último tramo para llegar antes que yo y mirarme, triunfal, desde arriba. El agua mojaba tu pelo a pesar de la capucha roja que intentaba evitarlo, y te besé; temblando más por los nervios que por el frío, te besé. Fue el primero de muchos, pero fue el primero y fue justo aquí, al abrigo de las ramas bajas de este pino. Escarbo junto al tronco y me quito la cadena que sujeta los dos anillos que cuelgan de mi cuello. Siempre fuimos muy sencillos para estas cosas así que nos decidimos por dos anillos completamente lisos con una letra en su interior, el mío la de tu nombre, el tuyo la del mío.

 

     Deposito un pequeño saquito de piel en el agujero y el anillo con la “D” que te acompañó durante los últimos cuarenta años antes cubrirlo con tierra, sentarme en silencio y volver a colocarme la cadena con el otro anillo alrededor del cuello. Me parece escuchar tu voz, tu risa mezclándose con el sonido de la cascada. Ya tengo el rostro húmedo cuando comienza a llover.

 

 

jueves, 20 de enero de 2022

La vida de Eva

 

      Faltaba más de una hora para dejar de trabajar y el teléfono no había sonado en toda la tarde. No le preocupaba la escasa venta, sabía que tenían suficiente margen con lo acumulado a lo largo del primer semestre para superar el verano con ganancias, pero le parecía un absurdo tener que estar allí sentado hasta que el reloj diese las siete para poder salir. Vale que el cobraba por sus cuarenta horas semanales y lo de salir antes no era discutible, pero que le jodía perder el tiempo de aquella manera tampoco lo era.

 

     La chica de la limpieza hacía su faena ajena a sus pensamientos. Barría, fregaba, vaciaba las papeleras… todo al ritmo que le marcaba la música que salía de sus auriculares. ¿Qué escuchará? Por el ritmo que le infringía al trabajo, desde luego no eran baladas. Tal vez música de su tierra, creía recordar que durante una breve conversación que mantuvo con su compañero (el cabrón, a pesar de estar casado, intentó ligársela desde la primera vez que la vio) escuchó que era ecuatoriana. Ahora dudaba. Morena, alta, anchita de caderas pero de cintura estrecha, le daba más la sensación de que podría ser venezolana. El cabrón siempre tuvo buen gusto para las mujeres, aunque esta vez le dieron con la puerta en las narices. Varias negativas muy educadas a las insistentes proposiciones terminaron por hacerle desistir. Imaginó como sería la vida de la chica fuera de la oficina. Seguro que limpiaba en dos o tres sitios más, no era viable sobrevivir con las pocas horas que echaba con ellos. No tenía pareja, madre soltera desde muy joven, con estudios básicos en su país y luchadora como la que más con el único objetivo de dar una buena vida a sus hijos.

 

     Sin saber por qué, abrió un Word y comenzó a teclear: una infancia en el seno de una familia humilde, ocho hermanos, con una madre trabajadora y un padre alcohólico que les maltrataba. Embarazada en la adolescencia del que creyó sería el hombre de su vida y resultó ser otro maltratador de mierda, la llamada de una amiga que había emigrado a España le vende la vida aquí como el paraíso y a la que puede, no se lo piensa y vuela con lo poco que tiene. La decepción del principio deja paso a la determinación de seguir adelante, a la libertad de saber que no depende más que de su trabajo desde el momento en que cobra su primer sueldo…

 

 



     Tecleó hasta que llegó la hora de marchar. Al llegar a casa, volvió a hacerlo de forma prácticamente compulsiva y aprovechó los ratos muertos que su trabajo le ofrecía durante todo el mes de agosto para completar una historia ficticia que cogía fuerza cada vez que la joven pasaba cerca de él tarareando.

 

     Una tarde, a final de verano, entabló conversación con ella por mera casualidad y se asombró de lo diferente de la realidad que era su escrito. Desde ese momento dejó de verla como su musa y se centró en la vida de esa luchadora imaginaria que sacaba adelante a su familia, que a pesar de los pocos ratos libres que tenía, disfrutaba de la vida como si no hubiera un mañana (porque tal vez no lo haya) hasta que consiguió poner a la historia el broche deseado.

 

     La leyó una y mil veces y con cada nueva lectura, reescribió, tachó y volvió a escribir antes de decidirse a compartirla con alguien. Justo en ese momento, es cuando yo entro a formar parte de todo esto…

 

     El manuscrito cayó en mis manos hace unos dos años y me hechizó desde el primer momento. Me senté con él e hicimos cambios, muchos cambios, pero el fondo de la historia lo teníamos tan claro que todo lo que sacábamos de ella o las nuevas hojas que pasaban a formar parte, lo hacían con asombrosa naturalidad. Fue un año de intenso trabajo para llegar a lo que hoy tengo en mis manos. Hace unos meses, cuando preparamos esta presentación, esto era tan solo la primera novela de un escritor en ciernes. Hoy se trata de algo que poca presentación mediática necesita: la novela más vendida en nuestro país por segundo mes consecutivo y que demuestra lo que una simple chispa puede crear en nuestra mente si la mantenemos despierta.

 

     Esta ha sido la explicación de cómo todo surgió, ahora le toca al autor presentaros la luces y las sombras que acompañan a "La vida de Eva".

 

domingo, 9 de enero de 2022

El sucesor

 


 

 

Para mí fue una gran desilusión que mi hijo no quisiera seguir con el negocio familiar, pero pronto tuve claro que su camino estaba dirigido a diseñar edificios. Cuando una multinacional le ofreció trabajo en el extranjero, se alejó de  nuestra pequeña tienda tanto como de nuestra vida.

 

                Seguí disfrutando del día a día en la pequeña librería del centro de Barcelona hasta que, años después, volvió acompañado de un niño de apenas siete años. El pequeño Daniel  (que llevase mi nombre me llenaba de orgullo) era un crío inteligente y curioso, que comenzó a pasar las tardes haciendo sus deberes en la librería. En cuanto tenía oportunidad se sumergía en algún libro de aventuras elegido al azar.

 

                La mañana de su treceavo cumpleaños decidí hacerle un regalo especial, tal como mi padre me hizo al cumplirlos yo. Era domingo, por lo que no teníamos que abrir la tienda, pero aun así, pasé a recogerlo al despuntar el sol. Caminamos por el barrio gótico, en silencio al principio, luego intentando contestar a algunas de las preguntas que me hacía preso de la excitación que comenzaba a sentir. Llamé a la puerta y nos abrió Isaac, tan serio como siempre, aunque en su rostro se apreció un atisbo de sonrisa al ver a Daniel de mi mano antes de dejarnos entrar.

 

                Tenía mi sucesor. Supe que Daniel seguiría con la tradición en el momento en que vi su cara de asombro ante la Biblioteca de los Libros Olvidados.