Faltaba
más de una hora para dejar de trabajar y el teléfono no había sonado en toda la
tarde. No le preocupaba la escasa venta, sabía que tenían suficiente margen con
lo acumulado a lo largo del primer semestre para superar el verano con
ganancias, pero le parecía un absurdo tener que estar allí sentado hasta que el
reloj diese las siete para poder salir. Vale que el cobraba por sus cuarenta
horas semanales y lo de salir antes no era discutible, pero que le jodía perder
el tiempo de aquella manera tampoco lo era.
La
chica de la limpieza hacía su faena ajena a sus pensamientos. Barría, fregaba,
vaciaba las papeleras… todo al ritmo que le marcaba la música que salía de sus
auriculares. ¿Qué escuchará? Por el ritmo que le infringía al trabajo, desde
luego no eran baladas. Tal vez música de su tierra, creía recordar que durante
una breve conversación que mantuvo con su compañero (el cabrón, a pesar de
estar casado, intentó ligársela desde la primera vez que la vio) escuchó que
era ecuatoriana. Ahora dudaba. Morena, alta, anchita de caderas pero de cintura
estrecha, le daba más la sensación de que podría ser venezolana. El cabrón
siempre tuvo buen gusto para las mujeres, aunque esta vez le dieron con la
puerta en las narices. Varias negativas muy educadas a las insistentes
proposiciones terminaron por hacerle desistir. Imaginó como sería la vida de la
chica fuera de la oficina. Seguro que limpiaba en dos o tres sitios más, no era
viable sobrevivir con las pocas horas que echaba con ellos. No tenía pareja,
madre soltera desde muy joven, con estudios básicos en su país y luchadora como
la que más con el único objetivo de dar una buena vida a sus hijos.
Sin
saber por qué, abrió un Word y comenzó a teclear: una infancia en el seno de
una familia humilde, ocho hermanos, con una madre trabajadora y un padre
alcohólico que les maltrataba. Embarazada en la adolescencia del que creyó
sería el hombre de su vida y resultó ser otro maltratador de mierda, la llamada
de una amiga que había emigrado a España le vende la vida aquí como el paraíso
y a la que puede, no se lo piensa y vuela con lo poco que tiene. La decepción
del principio deja paso a la determinación de seguir adelante, a la libertad de
saber que no depende más que de su trabajo desde el momento en que cobra su
primer sueldo…
Tecleó
hasta que llegó la hora de marchar. Al llegar a casa, volvió a hacerlo de forma
prácticamente compulsiva y aprovechó los ratos muertos que su trabajo le
ofrecía durante todo el mes de agosto para completar una historia ficticia que
cogía fuerza cada vez que la joven pasaba cerca de él tarareando.
Una
tarde, a final de verano, entabló conversación con ella por mera casualidad y
se asombró de lo diferente de la realidad que era su escrito. Desde ese momento
dejó de verla como su musa y se centró en la vida de esa luchadora imaginaria que
sacaba adelante a su familia, que a pesar de los pocos ratos libres que tenía,
disfrutaba de la vida como si no hubiera un mañana (porque tal vez no lo haya)
hasta que consiguió poner a la historia el broche deseado.
La
leyó una y mil veces y con cada nueva lectura, reescribió, tachó y volvió a
escribir antes de decidirse a compartirla con alguien. Justo en ese momento, es
cuando yo entro a formar parte de todo esto…
El
manuscrito cayó en mis manos hace unos dos años y me hechizó desde el primer
momento. Me senté con él e hicimos cambios, muchos cambios, pero el fondo de la
historia lo teníamos tan claro que todo lo que sacábamos de ella o las nuevas
hojas que pasaban a formar parte, lo hacían con asombrosa naturalidad. Fue un
año de intenso trabajo para llegar a lo que hoy tengo en mis manos. Hace unos
meses, cuando preparamos esta presentación, esto era tan solo la primera novela
de un escritor en ciernes. Hoy se trata de algo que poca presentación mediática
necesita: la novela más vendida en nuestro país por segundo mes consecutivo y
que demuestra lo que una simple chispa puede crear en nuestra mente si la
mantenemos despierta.
Esta
ha sido la explicación de cómo todo surgió, ahora le toca al autor presentaros
la luces y las sombras que acompañan a "La vida de Eva".