
Desde
lo alto del puente dejó caer una flor. Lo hacía cada sábado, sin apenas pararse
a mirar con ojos anegados de lágrimas el agua que transitaba metros abajo.
Lejos quedan nuestros baños juntos, incluso sus baños años más tarde en noches
sin luna. El agua rodeaba su cuerpo desnudo y cubría cada poro de su piel.
Abrazándole. Sintiendo que volvíamos a ser uno…
El
tiempo ha pasado y su maltrecha salud no le permite bañarse en las heladas
aguas. Desde aquí le sigo viendo hermosa. Veo como cubre de besos la pequeña flor
de papel y la lanza para que el viento me la haga llegar. A medida que se va
deshaciendo entre la corriente, se acaba la flor, se acaba el papel y solo
quedan sus besos. Los que tanto me hicieron sentir en vida. Los que me siguen
haciendo sentir vivo aquí, en el fondo de mi río.
Precioso viaje a los restos de la memoria acunados por las frías aguas del Guadalquivir.
ResponderEliminarGracias Bruno! La foto no hace justicia, pero el lugar invita a relajarse y vivir incluso después de la vida.
EliminarTriste historia David.
ResponderEliminarUn vínculo que no entiende de tiempo, pero si de muchísimo amor.
Un abrazo.
Como debería ser! Un abrazo Irene.
EliminarAmor melancólico más allá del tiempo y de la vida. Un relato sobrecogedor. Saludos!
ResponderEliminarGracias David!
EliminarGratos y tiernos recuerdos de un amor tejido en la naturaleza sobre un puente bajo cuyo rio se fundieron los amores que no se olvidan,
ResponderEliminarhttp://naurotorres.blogspot.com.co/2017/05/domingo-el-cultor-de-conciencia.html
Gracias Nauro Torres!!! :)
EliminarEXCELENTE MENSAJE lleno de nostalgia y amor a la vida
ResponderEliminarEXCELENTE MENSAJE lleno de nostalgia y amor a la vida
ResponderEliminarGracias Javier!! Me alegro si te ha gustado.
EliminarUn abrazo.